El Estallido Social desde la Periferia

El Estallido Social desde la Periferia

Andrea Santelices Spikin, socióloga independiente.

El 60% de los habitantes de Chile vive fuera de Santiago, de ésos una buena parte también vive fuera de los otros cordones urbanos como Valparaíso-Viña del Mar o el Gran Concepción y se concentra en ciudades intermedias, capitales provinciales, pequeños pueblos y en la abandonada ruralidad. Son justamente estos chilenos y chilenas los que no salen en la televisión en momentos históricos como el actual estallido social, porque no hacen noticia, porque no hacen barricadas, porque no salen a marchar.

Vivo en una comuna de alrededor de 6 mil habitantes y me asomo desde acá a estos meses y al quiebre vivido desde octubre pasado. Sin caer en generalizaciones y en lugares comunes, el “mundo de pueblo” en Chile sigue siendo el “mundo del fundo”, solamente traspasado por la televisión y hoy, por la presencia descontextualizada de las redes sociales, ¡pero que crean realidad! Los primeros días del estallido mientras mi pueblo seguía el mismo ritmo pausado de todos los días, las mamás dejaron de mandar a sus hijos a la escuela ¿por qué? Por miedo, por miedo de lo que aparecía en los noticieros (mal)informando de una supuesta guerra civil, pero a más de nueve horas de distancia…  Y aparece así el Chile escondido, el Chile acallado, el Chile que se hace el “gueón todos los días… apareció nuevamente la desconfianza, afloraron entre los vecinos que se decían buenos días los recuerdos de que estos eran de izquierda y estos otros eran de derecha y empezaron a esquivarse, a discutir, a enojarse, a separarse, pero en todos apareció indiscutiblemente el principal sentimiento que prevalece hasta el día de hoy, el miedo.  El mismo miedo que han generado los últimos años aquí los mapuche, hoy se expande a los otros, que hace pocos días eran igual a mí, pero que hoy pasan al lado de los enemigos.

Porque así se divide el mundo ahora, en los míos y en los enemigos, que quieren destruir lo más preciado, lo que tengo, lo que creo y obligarme a vivir como ellos…

Uff! Gran trabajo ha hecho en instalar este discurso la Iglesia evangélica, voz cantante de la verdad y una de las pocas autoridades legítimas en la ruralidad. El discurso de mis vecinos, que hoy me miran con más desconfianza, no sólo por afuerina sino también por “comunista”, es justamente ese. Súmele la pasividad del campesino, de ciclo largo y acostumbrado a ser mandado por el patrón, se llame Alcalde o Pastor; de “conformarse” con su destino como dice la Biblia, de aceptar y agradecer incluso las circunstancias en las que vive, porque hay un “otro” que decide por él.

El terreno es fértil en el sur para que no cambie nada. Es fértil para los discursos fascistas disfrazados de “orden”, de “ética”, de “paz”. La gente se aterra cuando ve la Plaza de la Dignidad pintada, los Bancos cerrados, las calles destruidas, los semáforos sacados de cuajo, porque aquí no hay y nos gustaría que hubiera un banco cerca, un semáforo, el Metro, algo de la modernidad que muestra la televisión. ¡¡Cómo no va a doler, si el principal paseo de las escuelas de los sectores rurales es visitar un mall!!! Es otro prisma, que no comparto, pero entiendo.

Sin embargo, siempre hay personas que se atreven a dar el paso y salen, a pesar de todo el castigo social, a cacerolear con los afuerinos, a marchar, a estar en un acto. Es un proceso hermoso de aprendizaje y de compartir, ¿qué olla es la más adecuada? ¿con qué tipo de cuchara? ¿podemos marchar por la calle? Y las preguntas las hago yo ahora ¿y para el tiempo de la Dictadura usted no caceroleó, no marchó? No.. me contestan, aquí nunca pasó nada. ¡Recién ahí empieza mi comprensión! Para mi generación y las anteriores la Dictadura fue un sello fundamental, que marcó nuestra posición en el mundo, nuestros afanes, nuestras luchas. Tenemos una serie de conocimientos, experiencias y memorias asociadas a la lucha contra la Dictadura, que en muchas partes de nuestro país no existen, no están, no sucedieron. Y no es que no hayan asesinado personas en todo el país, pero las formas de vivir ese proceso fueron completamente distintas. Eso nos marca hasta el día de hoy, seguimos teniendo dos Chile: el de Santiago y algunas ciudades grandes y el resto.

En los espacios rurales, en las ciudades pequeñas queda una inmensa tarea que viene de mucho antes, histórica y a estas alturas perenne. En estos espacios tendremos estallido social cuando podamos resolver nuestros problemas locales primero, cuando no sigamos recibiendo de rebote los cambios estructurales del país, cambios que aterrizan finalmente descontextualizados, ajenos, poco significativos. ¡He ahí el desafío de la periferia; tomarse su espacio y decidir sobre él!

Nota aparte: Por eso APRUEBO, para que tengamos una Constitución que descentralice de verdad, el ejercicio del poder, la autonomía de los recursos, la utilización del propio territorio y una educación acorde a nuestro contexto, liberadora, reflexiva, creativa y que propicie los lazos de las comunidades y su entorno.

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