Construyendo ‘legalmente’ la dictadura perfecta

Construyendo ‘legalmente’ la dictadura perfecta

Por Arturo Alejandro Muñoz,
profesor de Historia y Asistente Social (U. de Chile). Ensayista y novelista.

Sebastián Piñera y la derecha económica pueden lograrlo con el apoyo efectivo,  y traición,  de una parte de la centroizquierda y del ‘progresismo’

“La traición es cuestión de tiempo”; la frase pertenece al general estadounidense George Patton, quien la expresó en el Berlín ocupado por las fuerzas aliadas de EEUU, UK, Francia y la URSS, luego de haber derrotado a la wermacht alemana en la Segunda Guerra Mundial. El general yanqui no creía en una “alianza pacífica” entre EEUU y la URSS, por lo que aventuró la frase, aunque sin especificar quién sería el traidor.

Lo simpático del asunto es que más temprano que tarde esa “alianza pacífica” se fue al tacho de la basura, y durante tres décadas la guerra fría calentó el planeta.

Guardando las debidas proporciones, algo similar ha ocurrido en el acontecer político nacional donde sus tres actores principales abandonaron la ‘alianza’ post dictadura y ahora rompen lanzas desafiándose sin pudor ni temor. Pueblo, Derecha, Centroizquierda. Pero, al parecer sólo a uno de ellos le asiste la razón, mientras otro de los integrantes de esa triada intenta construir un tipo de gobierno que sea favorable exclusivamente a sus intereses, y no al bien público ni general. ¿Y el tercero de los integrantes, qué pasa con él? Bueno, ese es furgón de cola de aquel que desea construir una especie de dictadura perfecta.

Durante un par de décadas los miembros de la tríada mencionada trabajaron supuestamente en paz y coordinadamente, hasta que el pueblo se percató que había sido estafado por la Centroizquierda, quien le traicionó al apoyar y permitir ser subyugado por la Derecha desde el inicio mismo de la conformación de la sociedad tripartita, con lo cual recién ese pueblo descubrió las razones por las cuales se encontraba endeudado hasta el tuétano, minimizadas sus organizaciones a nivel de agonía y abandonado a su suerte en lo referente a salud, vivienda, educación, trabajo y previsión social, engañado, traicionado y casi olvidado.

Derecha y Centroizquierda se asustaron, temblaron de pavor. El pueblo alzado es lo más peligroso para cualquier sistema. Durante tres semanas el pueblo copó las agendas de todos, del gobierno, del Parlamento, de la oposición, de los empresarios, de la prensa…

Sí, ‘casi’ olvidado, pues regresó al primer plano de la política local renaciendo con fuerza el año 2019 con el estallido social, las manifestaciones masivas y la toma de Plaza Italia, bautizada entonces -y para siempre- como ‘Plaza de la Dignidad’, y surgieron héroes populares (algunos anónimos) como los bravos estudiantes secundarios que saltaron los torniquetes del Metro de Santiago, el inolvidable can ‘matapacos’, el “estúpido y sensual spiderman chileno”, el simpático Pareman y otros.

Derecha y Centroizquierda se asustaron, temblaron de pavor. El pueblo alzado es lo más peligroso para cualquier sistema. Durante tres semanas el pueblo copó las agendas de todos, del gobierno, del Parlamento, de la oposición, de los empresarios, de la prensa, de las iglesias, de las fuerzas armadas, de las policías, en fin, no sólo en Chile, también en el exterior, y fue sinónimo de lucha, de hastío, de ira, haciendo tambalear el sistema predador neoliberal salvaje, aquel que idolatran los otros dos integrantes de la vieja tríada. Pero derecha y centroizquierda vienen construyendo lenta y progresivamente una dictadura perfecta desde 1990 a la fecha. Es como un cáncer silencioso, invasivo. No se nota, no se escucha, no se huele ni duele… hasta que sí duele.

La traición

Lo concreto es que se detectó finalmente la “traición”, esa misma a la que aludía George Patton en 1945; pero esta vez el traidor es conocido, pues ya se supo quiénes son los que unen fuerzas y esfuerzos para mantener al pueblo bajo sus faltriqueras. Los socios del llamado ‘duopolio’ (esta vez con la gratuita complacencia y compañía de un nuevo referente, un juvenil referente, conocido con el nombre ‘Frente Amplio’), armaron el trinquete bautizado como “Acuerdo por la Paz” en noviembre de 2019, destinado no sólo a ponerle atajo a la marea protestataria sino, también, a darle característica ‘democrática’ al nuevo empuje por la construcción de la dictadura perfecta que tanto anhelan derecha política y derecha económica (con sus adláteres mayordomiles centroizquierdistas y progresistas).

Una vez más fue desnudada la intención totalitaria y clasista de los socios duopólicos. Pero entonces, cual designio del averno, apareció la pandemia del Covid-19 y las acciones se detuvieron por razones de sanidad.

Sin embargo la mentira tiene patas cortas, y los escorpiones son fácilmente reconocibles. Una vez más fue desnudada la intención totalitaria y clasista de los socios duopólicos. Los avatares populares lograron tener en ‘la cuerera’ a esos socios de la ignominia política, pero entonces, cual designio del averno, apareció la pandemia del Covid-19 y las acciones se detuvieron por razones de sanidad. Ya hay más de mil fallecidos por inoperancia de las autoridades que mienten, amañan datos, esconden cifras y determinan acciones contrarias a la lógica y a la razón científica. La ira ha vuelto a acumularse y se adivina un nuevo estallido, más violento y profundo que el del 2019.

El gobierno derechista-empresarial, atemorizado por lo que puede ocurrirle una vez terminado el estado de inacción provocado por el coronavirus (y observando lo que ocurre en EEUU con las masivas protestas de gran parte de la población de ese país), decidió a las apuradas y con el alma en un hilo –ya que sabe que realmente cuenta con menos del 10% de aprobación popular- entiende que la única forma de mantener el poder en sus manos y asegurar la presencia del neoliberalismo en el país es mediante una dictadura, ojalá ‘perfecta’, ergo, ‘legal’.

Entonces, mediante el apoyo siempre inefable de los tibios parlamentarios y políticos de la centroizquierda y del progresismo socialdemócrata, para engañar a la opinión pública nacional e internacional, los socios duopólicos con Piñera a la cabeza presentan un proyecto de ley que diseña un sistema de “inteligencia” liderado por el presidente de la república de turno, los jefes de las FFAA, las Policías y la ANI, el cual permite el despliegue de las FFAA a lo largo y ancho del territorio nacional sin que sea necesario contar con el Estadio de Excepción Constitucional, facultando a la ‘inteligencia’ militar para actuar contra grupos que, según el gobierno de turno, “amenacen” el orden público.

Mediante el apoyo siempre inefable de los tibios parlamentarios y políticos de la centroizquierda y del progresismo socialdemócrata, presentan un proyecto de ley que diseña un sistema de “inteligencia”, el cual permite el despliegue de las FFAA a lo largo y ancho del territorio nacional sin que sea necesario contar con el Estadio de Excepción Constitucional.

El conocido abogado Óscar Begazo Ahumada (Master en Derecho), afirma que una ley de ese tenor sería duramente aplicada contra quienes denuncien y desnuden escándalos como la Operación Huracán, Pacoleaks, Milicogate, montajes y asesinatos varios -el cometido contra Camilo Catrillanca es un buen ejemplo-, Operación W y Topógrafo, entre muchas otras. Silenciar a la prensa no basta… quieren silenciar a todo Chile.

A este respecto, “prensaopal.cl” publicó en su página web lo siguiente: «Con este proyecto se pretende una concentración del poder incompatible con un sistema que se dice democrático, y se impide la participación de otros órganos y de la sociedad en la definición de las políticas de defensa e inteligencia que tan profundamente pueden afectar los derechos humanos de las mayorías. Se obstaculiza asimismo toda fiscalización y supervisión del accionar de las FFAA y policiales y, por el contrario, se hace caso omiso de la necesidad de profundizar la vigilancia de estas instituciones ante los numerosos y graves actos de corrupción y violaciones a los DDHH en que han incurrido».

¿Y el resto de la prensa chilena, qué opina, qué dice, a quién y qué defiende? ¿Sabrá ella que la Historia la juzgará y los futuros estudiantes de Periodismo –y el pueblo mismo- podrán aplaudirlos…o vomitarlos?

No soy periodista, orgullosamente, soy Profesor de Historia y Trabajador Social, pero con mi sacrosanta calidad de ciudadano me permito exigir a parlamentarios dizque democráticos -pertenecientes a partidos tales como el PS, el PDC, el PRSD, el PC, el PDC y el Frente Amplio- volver a las trincheras del pueblo y poner atajo, firme y decidido, a las intentonas totalitarias de una derecha política y empresarial comandas por la Sofofa y la CPC que pretenden instalar ‘legalmente’ en el país una “dictadura perfecta”.

La Historia toma nota… y juzgará. El pueblo también lo hará.

Relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *